No se de qué. Tal vez sea sólo la música, o lo raro, de lo frenéticos que han sido estos tiempos.
No, no quiero creer en el destino.
Creo en la música que oigo, y en las endorfinas.
Comparto mi felicidad y estas ganas de cantar y silbar y caminar con la cabeza muy muy en alto.
analgesicos: el mejor invento de la naturaleza
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