Este mareo, mis sueños no computables, las llaves sonando, los ojos que arden, el vacío instantáneo seguido de una fuerte corriente de sangre, el calor en la cara, estas falsas ganas de llorar, esto que ya no siento.
Ya no te siento, niño triste, hombre inexistente. Muérete por favor y yo seré patética, desechable y olvidable por siempre en una memoria que ya no estará en nadie.