domingo, 21 de julio de 2013

(El mundo no es mío)

El ruido, del chicle sonoro y oloroso de quienes noto que me rodean. Los zancudos que a diario hacen bacanales a cuesta de mi sangre que ebullece, las vallas verdes que rodean pedazos de tierra anaranjada en la periferia de la ciudad, no aguanto ver un edificio ni una casa cubo gigante más amenazando la belleza y la estabilidad de 'mi tierra' pero "oh, libertad que perfumas...". No puedo con el corazón al quizás entender que todos nacemos igual, pero el mundo no es de todos (¿qué es 'el mundo'?), que tal vez he sobre-dimensionado el caos, que la bondad es lobby, que este país es un chiste, que construirán una circunvalar entre mi casa de infancia y el río (y el campo), que unos pocos deciden dónde y cómo vamos a vivir, que la miseria está a la vuelta de la esquina, que al frente van a construir 1600 apartamentos, vecinos escandalosos sus niños sueltos por ahí, hablando de músculos carros y celulares. Discrimino, odio a los gordos que vi esta semana desayunando en Laureles, tratando a la mesera ¿como un animal? ¿qué nos hicieron ahora los animales? Gordos de mierda en sus camionetas, pasando por encima de todo y de todos. El mundo es de ellos. El mundo no es mío, ni de mis abuelos, ni del celador a quien le mataron su hermano hace un mes.

Malditos zancudos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario