¿Cuáles eran tus pensamientos esa última semana? ¿Escuchaste tanto que te dijimos? ¿Sufrías al sabernos sufrir y querías, como siempre, evitarnos tanto dolor? ¿Sabías que estabas muriendo? Yo creo que sí.
¿Escuchaste todas las veces que te repetimos cuanto te amamos y quisiste responder cada vez? ¿Existes, o tu existencia es esa serie de eventos que repartiste por el mundo? ¿Tu existencia depende de tan pocos recuerdos que me van quedando?
El tiempo pasa como burlándose de ti, y yo no puedo evitar que el olvido haga lo suyo. Lo más duro de tu muerte no sólo es no volverte a ver, viejo. Lo más duro también es olvidarte. Miento porque sobre todo estos últimos meses he sentido que lo más difícil es carecer de tus consejos, haber desperdiciado tanto tiempo y conversaciones. Llevo una semana escuchando música que me acuerda de ti, siempre fascinado por el sonido de un violín, la conversación entre muchos instrumentos o la magnitud del espacio.
Vi una galaxia con mis propios ojos, gatito, y no supe dónde llamar a contarte.
"Te busco."
Qué hermoso, Sara. Me aguaste los ojos y el corazón.
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