Llora la urraca y llora por ahí otras 4 horas y pelea consigo misma. A la una de la mañana ve las estrellas desde el Atacama. Es una tranquilidad absurda, como que por fin se enloqueció.
Dos días seguidos de trabajo después, está el colegio, lugar donde a todos se nos queda un pedazo de vida sólo porque allá vivimos tanto...tanto. No lo recordaba, con sus pasillos largos, la oscuridad, el calor, el frío, las mariposas horribles, las montañas al fondo que todas las mañanas salías a mirar. Monjas y apariciones miedosas.
El árbol frondoso redondo grande debajo del cual tirabas piedras con tu amiga incomprensible. El árbol que mirabas cuando sólo había un nudo grande y definitivo en tu cabeza. Ahora hay un óleo para eso, y debería estudiar algo con topología sólo porque hay nudos. (La gente de google al parecer no sabe qué es topología... ni qué es google, eso sí es raro).
Los laboratorios que daban sueño. El baño del segundo piso donde siempre te metías a llorar cuando no aguantabas, o porque ese siempre ha sido tu hobby. Tenías tu huequito propio. Profesores como apariciones recordándote por qué la ciencia y por qué no otra cosa, profesores diciéndote que nadie es indispensable, enseñándote a vivir música, profesores haciéndote apasionar sólo porque así debería ser siempre, gente que siempre te apoyó, a quienes le debes mucho de lo que sos ahora....
Lugar que de vez en cuando se pasa por tus sueños, pesadillas, recuerdos. Los partidos de fútbol a los gritos los viernes por la tarde. Felicidad conjugada en pasado cuando es pasado.
Jugar otra vez a los gritos, sudar la camiseta con un CINCO y los shorts que por boba tienen el 38 del equipo de basket. Un poquito de amistad como si no hubieran pasado dos años ya, sin exageraciones, sin emotividades, como si nos siguiéramos viendo todos los días, negociando tareas, peleando por bobadas, haciéndome el tortugazo, diciéndoles quién sabe qué cosas porque, aceptémoslo, a veces soy sádica, siempre masoquista.
Aceptar que debería pasar tiempo a solas con la urraca, le pongo pijama y la invito a ver una película conmovedora. Es raro cuando pasan esas cosas, y misteriosamente feliz. Preferís a partir de ahora enfrentarte, al menos hasta que termines otra vez con rabia y sin poder perdonar a nadie.
Así es.
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