domingo, 21 de julio de 2013

(El mundo no es mío)

El ruido, del chicle sonoro y oloroso de quienes noto que me rodean. Los zancudos que a diario hacen bacanales a cuesta de mi sangre que ebullece, las vallas verdes que rodean pedazos de tierra anaranjada en la periferia de la ciudad, no aguanto ver un edificio ni una casa cubo gigante más amenazando la belleza y la estabilidad de 'mi tierra' pero "oh, libertad que perfumas...". No puedo con el corazón al quizás entender que todos nacemos igual, pero el mundo no es de todos (¿qué es 'el mundo'?), que tal vez he sobre-dimensionado el caos, que la bondad es lobby, que este país es un chiste, que construirán una circunvalar entre mi casa de infancia y el río (y el campo), que unos pocos deciden dónde y cómo vamos a vivir, que la miseria está a la vuelta de la esquina, que al frente van a construir 1600 apartamentos, vecinos escandalosos sus niños sueltos por ahí, hablando de músculos carros y celulares. Discrimino, odio a los gordos que vi esta semana desayunando en Laureles, tratando a la mesera ¿como un animal? ¿qué nos hicieron ahora los animales? Gordos de mierda en sus camionetas, pasando por encima de todo y de todos. El mundo es de ellos. El mundo no es mío, ni de mis abuelos, ni del celador a quien le mataron su hermano hace un mes.

Malditos zancudos.

lunes, 13 de mayo de 2013

Mayo - ii

Viejo.

Escribir esto se hace menos trivial cada vez. Este fin de semana mi mamá y yo estuvimos recordando hora a hora lo que pasaba hace un año. Ese fin de semana fue el último que te vimos normal. También fue el comienzo de esa semana irreal.

Intentaré ser más breve. Esa semana hubo una charla en EAFIT con Antanas Mockus y yo estaba obstinada a transportarme en bicicleta, así que después de esa charla me devolví tarde y con un morral pesado, y al final me vi obligada a pedir ayuda...

Ahora que lo pienso, no sé si eso fue lo que pasó esa semana. Ya me confundo. Creo que sí fue así. Bajaron tú, mi mamá y Rocco y recogieron mi morral mientras yo seguía obstinada subiendo la loma en bicicleta. Me enojé y no recuerdo por qué, no te saludé - Esos enojos en específico eran sobreprotección pura. ¿Qué tal lo estúpida que fui, gastándome tiempo valioso contigo en enojarme para protegerte, sabiendo que no podía hacer nada? ¿No podía hacer nada? Una pregunta un poco egocéntrica.

Protección.

Esa semana estuve extremadamente ocupada. Tenía un par de trabajos y exámenes que me preocupaban mucho. Esa semana llovió mucho. Recuerdo una noche en la que me fui a despedir por la noche de ti y mi mamá (tan cariñosamente como era costumbre) y luego de Rocco. La lluvia sonaba en la madera del techo y pensé en lo afortunada que era. Me sentí profundamente feliz.

Recuerdo un día que estaba trabajando en la mesa del comedor y tú estabas cerca mío. Yo estaba abstraída en mi mundo pero recuerdo haberte abrazado como una niña chiquita y expresado mi desespero. Protección.

El Jueves partía para Bogotá. Estuve por la mañana en la Universidad y a medio día subí en bicicleta al apartamento. De casualidad nos encontramos en el camino. Te alegraste tanto de ver a tu "bellecita" que casi que frenaste en seco y una señora que iba detrás te pitó y fue muy grosera contigo. Yo entré en cólera con la maldita señora siendo grosera contigo. Esa rabia quedó y terminé enojándome contigo por imprudente.

Esa tarde fuimos tú, mi mamá y yo a Rionegro y recordamos la vez que fuimos a ese mismo aeropuerto a despedirme por 6 meses, sin saber si ibas a estar para mi regreso. Hice esa misma fila antes de embarcar y me despedí de ustedes. Esa imagen dolorosa y cliché de los papás despidiéndose en el aeropuerto. Esa imagen duele. Ese día les dije que esa despedida "no azaraba". Qué equivocada estaba.

Los llamé para ver si estaban bien y recuerdo que fueron a comer algo en el camino. Protección. Todos llegamos sanos y salvos a nuestro destino.

En Bogotá el viernes hice la vuelta para la visa estadounidense y te llamé. Estuviste todo el día ocupado con Jose porque tenía un examen y tú le estabas ayudando. En la noche me fueron a recoger. Recuerdo llegar al aeropuerto y encontrarlos sentados: tú dormidito y mi mamá al lado. Tu última noche completa y bien. Esa noche ella y yo insistimos para que tú no manejaras y te devolviste atrás, a ratos dormido. Hicimos un par de chistes en el camino. Papá.

Al otro día no recuerdo si te llevé a la iglesia o no. Recuerdo recogerte y estar algo frustrada porque mi mamá estaba quejándose por el día de la madre. Papá. Esa tarde estaba frustrada con mi mamá por decir esas cosas y me fui a montar en bici un rato, pataleta. Recuerdo que intentaste consolarla y ella estaba más frustrada de lo normal.

Esa tarde vinieron varios amigos tuyos de la Universidad. Yo tenía mucho afán porque debía terminar un trabajo y Sebastián* me iba a ayudar. Te pedí el carro para ir a hacer eso. Recuerdo esas horas antes de irme. Estabas alegre y te veías muy bonito con el chaleco que te di y tu camisa morada. Yo estaba muy estresada y no fui muy efusiva. Fue la última vez que te vi bien. Papá.

Recuerdo bien esa tarde y esa noche. El estrés, solucionar el problema que tenía con mi código, salir con mis amigos de la Universidad. Un par de llamadas telefónicas que nos hicimos. El aguardiente, el lugar donde estábamos, el mareo. Llegar al apartamento con Jose que me trajo y escucharte gimiendo al otro lado de tu puerta. Estar tan ebria para pensar que estabas divirtiéndote con mi mamá, y caer como una plasta a dormir. Un año después pensar que tal vez si hubiera estado sobria, si hubiera estado ahí, hubiera podido hacer algo. Protección.

Después mi mamá nos contó que cuando fueron de EMI y te hicieron puntos en la mejilla dijiste que esos puntos le hubieran servido más al Nacional - y que por fin había pagado la afiliación a EMI.

Despertarme medio prendida el Día de la Madre para que mi mamá me dijera que te caíste. Yo grité despavorida pensando que te habías muerto mientras yo estaba desmayada de la borrachera. Mi mamá me dijo que estabas en el cuarto. Lo que sucedió es que mientras estaba desmayada de la intoxicación tu cerebro se iba llenando de sangre, papá, pero eso no lo íbamos a saber hasta dentro de varias horas.

Estabas en tu cama, no se te entendía nada. Era frustrante. Pesabas demasiado. A mí se me pasó la borrachera. Jose y yo llorábamos al lado tuyo, te consentíamos, te abrazábamos. Lo más triste era no entender lo que decías. Fue un tiempo largo y frustrante. Logramos entender que hablabas de proteger a tu familia. Mi mamá puso música de alabanza y por mucho tiempo eso sonó en mi cabeza, haciendo de toda esta situación algo más particular, por así decirlo.

Te llevamos el tablero de mi cuarto y alcanzaste a escribir algo parecido a la letra alpha, y una "V". Todavía no entendemos eso de qué se trataba. Todavía esas letras están en mi tablero, papá, como una burla roja a todo el conjunto de balbuceos e intentos frustrados de escribir que fueron las últimas frases de tu vida. Y cómo te gustaba hablar. Y cómo llegaba un punto en el que yo no te escuchaba más, y me duele. Me duele tanto pensar que te desperdicié. Que te ignoré cuando debía haber estado escuchándote. Papá.

Vinieron de EMI y notaron que tus extremidades derechas no funcionaban tan bien. Te preguntaron qué día y era y tú dijiste: "Domingo, día del Señor". No te entendíamos bien, Jose dijo que tú de por sí eras un "incomprendido" - o algo por el estilo.

Te llevaron en una silla. Ya no recuerdo bien cómo te veías pero recuerdo tanto ese momento: salí detrás tuyo y mientras te subían a la camilla en esa mañana soleada, te sonreí y puse mi mano sobre donde debe estar mi corazón. Te tiré un beso y tú me sonreíste. Te fuiste con mi mamá.

Comencé a hacer llamadas y Jose y yo nos fuimos para el hospital. Todo lo que sigue desde ese momento parece una película. Una serie de noticias de las cuales nos aferrábamos, llamadas, toda nuestra familia en el hospital. Tú estabas en Cuidados Intensivos y a mí se me vino el mundo encima cuando mi mamá salió con la noticia: habías tenido un derrame y la situación era muy grave.

Recuerdo que llamé a Francisco* y estaba parada en el parqueadero, hacía mucho sol. Te ibas a morir tan rápido, eso parecía. Eso lo supe en el fondo desde el principio de esa semana de mierda. En una semana íbamos a estar en esa misa, escuchando a un padre idiota hablando de Mecánica Cuántica frente a una iglesia llena de físicos y matemáticos, y escuchando la música más hermosa que jamás haya pasado por mis oídos.

También recuerdo que mis tíos, las buenas personas, los católicos uribistas del Opus Dei, llevaron a un padre idiota ese día para que te aplicara los "Santos Oleos". Jose y yo estábamos en tu cuarto hablándote y abrazándote, y cuando llegó ese señor yo lo quería matar con mis propias manos. Te dije que había llegado un padre a aplicarte eso, que yo sabía que la Iglesia Católica no te agradaba mucho, pero que nos íbamos a aguantar. No recuerdo si repetí las oraciones o no. No recuerdo si me ganó el desespero de verte bien, o la ira de ver a esos malditos idiotas creyendo que si hubiera un cielo y un dios (y fuera como el de ellos) tú irías para allá gracias a sus oraciones y no gracias a quien fuiste - Sin embargo esa semana que siguió oré. Oré al dios de los católicos, al tuyo, oré a Gaia. Pensé mucho en la frase "oraciones para gente sin fé".

Esa tarde fue infinita. Tú a veces reaccionabas, a veces dormías, a veces intentabas hablar. No nos dimos cuenta del anochecer. Te decíamos las palabras más bonitas, te abrazábamos, llorábamos. Yo intenté mostrarte una foto del nombre de un café que había visto en el aeropuerto esa semana y se llamaba "Illy". Así me decías tú. Con el cariño más grande del universo me decías "Illi" o "Illicita", por "bellecita". Tú sonreiste, nunca voy a saber si fue porque en efecto lograste ver la foto y entender lo que decía.

Al final de la noche toda tu familia estaba en la Clínica de las Vegas. Nos reíamos y hacíamos chistes como siempre, porque así somos. Así eras tú. Cada movimiento de alguien era una posible noticia que esperábamos desde ya. Pensábamos que ese día ibas a morir. Faltaban seis días para que eso pasara, pero no sabíamos si iban a ser seis meses o seis horas más.

Yo no se nada de nada, pero ojalá existiera un cielo para vos, papá.

domingo, 5 de mayo de 2013

Mayo - i.

Comienzo escribir esto hoy, porque los días que ocurrieron antes de tu derrame tiendo a recordarlos como recuerdo pocos eventos en mi vida. Como ya no soy capaz de recordarte ya a ti, manchita cálida, borrosa y ronca en mi memoria.

El primero de Mayo fue festivo. Fuimos a la Clínica Las Américas a visitar a una querida amiga de la familia. Estaba moribunda. Quisiera recordar las palabras de consuelo que le dabas a su esposo ante la inminencia de su muerte. Quisiera tenerlas para mí ahora. Esa tarde fui a hacer un trabajo con unos amigos. No se por qué, recuerdo una llamada que te hice cuando terminamos. Estaba en el paradero de buses frente a San Fernando y llamé a contarte que habíamos terminado, tú estabas descansando y viendo televisión. Extraño mucho ese tipo de llamadas, de una cotidianidad que ahora resulta dolorosa.

Debo aclarar que te escribo en la mesa del comedor (que cambió de lugar, como tantas cosas han cambiado en este apartamento desde que te apagaste) al lado de un mueble donde está lo único que mi mente puede reconocer con seguridad alguna como "tú": una cajita de madera oscura/rojiza donde están, espero, tus restos. Digo espero porque podrían ser los de alguien más.

Ese Jueves se cumplieron siete años desde tu infarto. Te invité a ti y a mi mamá a tomar algo en el centro comercial del frente. Estabas muy hablador como siempre, te di permiso de tomarte un tinto (tengamos en cuenta que por esa época era tu nutricionista de cabecera, una maldita nazi que si hubiera sabido que faltaban 10 días para tu derrame y 16 para que te apagaras, te hubiera invitado a paella con Coca Cola y pastel de arequipe). Hablaste de Ernesto Samper y de Fernando Botero, y de cómo creías que este país creía una historia verdaderamente lejana a la que sucedió. Cada que hablabas, se notaba la legítima frustración que sentías por Colombia. Te dolía profundamente.

El viernes fuiste con mi mamá a Rionegro a hacer una vuelta. Yo estaba en la Universidad, conmovida ante la noticia de la muerte de la esposa de mi profesor y tu amigo. Lloré mucho porque ella también murió de cáncer, me impresioné, llamé a mi mamá y como siempre le pregunté por ti. Le dije que los amaba, que te dijera eso. En la tarde, luego de mi clase de Literatura, me fuiste a recoger. Manejabas por esa época de una manera miedosa, frenabas en seco donde se te ocurriera, te desviabas de las vías. Recuerdo que un señor se agarró a pitarte y yo me enfurecí con él. Tú, calmado, y yo como siempre histérica, creyendo que podía protegerte de algo.

Recuerdo mucho esa tarde hermosa en la que despedimos a Francisca*. Estabas de todas formas muy feliz de ver a todos tus colegas de la Universidad, ellos preguntaban por tu salud y tú te mostrabas fuerte, perfecto. Ellos, incluido el Rector, te mostraban cariño y respeto. Pesabas menos que yo para esa época pero tu mente era de una fortaleza que nos engañó. Estabas bien. Durante la misa estuve sentada entre mi mamá y tú. Apretaba las manos de ambos, pensaba lo difícil que iba a ser dejarte ir. Te abrazaba, te tocaba la pierna huesuda al lado mío. Imaginaba cómo iba a ser ese día terrible, que calculaba para dentro de unos 5 a 8 años. Salimos de allá algo acongojados, era un anochecer muy azul. Te ayudé a bajar al parqueadero. Parecías lleno de fuerza y tranquilidad, si es que de verdad creo ser capaz de recordarte.

Ese día me dejaron en la Universidad porque había un concierto, te dije que manejaras con cuidado y como siempre los llamé a ver si habían llegado vivos.

El Sábado estuvimos tú y yo donde tu hermano Pablo, escuchando música. Ese plan era delicioso, y sobre todo ese semestre lo hicimos mucho. Recuerdo una conversación sobre Estocolmo/Constantinopla, y una canción llamada así. Recuerdo que luego hablaste con Pablo sobre seguros de vida y le dijiste que, si firmaba un documento, estaba dando fé de no irse a morir en los próximos dos años. Eso lo recuerdo porque me incomodó: me hizo otra vez pensar en tu muerte, lo que más he temido en la vida, eso que iba a pasar dentro de 14 días. Daría tanto por ver otra vez tu cara cuando te recordé disimuladamente darle un dinero que no tenías por qué darle a Pablo, pero igual querías hacerlo.

El Domingo casi que obligada me fui contigo para el Carmen. Digo casi que obligada porque no me permitía a mí misma dejarte ir solo manejando hasta allá (no recuerdo mi mamá por qué no podía ir). Estuve malhumorada todo el rato por las cosas que me dañan la cabeza a mí y que no importan. Fui una completa idiota contigo ese día. Tuvimos una pelea dolorosísima en el camino, toda por culpa mía, recuerdo con exactitud curvas y frases correlacionadas. Cuando llegamos a donde Liliana*, te dejé allá con la comunidad y me fui a llorar a la Casa de la Cultura. No quería tratarte mal. Estabas más complicado de costumbre, y yo siempre he sido de un complique inncesario. En todo caso te traté mal, me sentí mal, y lloré. Luego me comí un helado y estudié Mecánica Cuántica un rato. Me llamaste para almorzar, yo me comportaba algo resentida contigo. A esa persona que fui yo hace un año la desprecio profundamente por haber actuado así.

Ese día almorzamos un arroz deliciosísimo, tu tenías el buso peruano que tanto me gustaba y que te encantaba que yo usara cuando hacía mucho frío y me lo prestabas. Me quedé haciendo una siesta y cuando ustedes terminaron su oración, me despertaste para irnos. Recuerdo esa sensación de confort, de protección. Nos fuimos por La Ceja y me pediste que te dejara manejar por esas montañas que tanto te gustaban. Así fue.

Toda la tarde había tenido antojo de un helado de chocolate en específico, y todo el camino estuviste pendiente de encontrarlo, asi yo estuviera más callada de lo normal. Recuerdo exactamente el lugar donde paramos y nos sentamos. Compraste pandequesos para mi mamá y me invitaste al helado. Había un perrito cerca de nosotros. Yo era la niña de tus ojos.

Durante ese día mi actitud hacia ti no fue normal, así que en la noche fuiste a pedirme perdón. Me puse a llorar y te dije que no tenía por qué perdonarte, que me perdonaras tú a mi. Me dijiste que por esas cosas me preocupara yo, que tú te preocupabas por cambiar lo que todavía te faltaba por cambiar. Te referiste a ti como "este hombre". Nos abrazamos en mi cuarto. Me diste las gracias por un Domingo tan bonito. Trece días después te apagaste al ritmo mío repitiendo "gracias, gracias, gracias".

¿Cómo es que ya no estás? ¿Puedo ser tan injusta como para decir que ya no estás? Estás en mi memoria, papá, y en mi día a día. La memoria traiciona y tu eres cada vez más difuso en ella, papá.

* Nombres cambiados porque sí.
** Ahórrese el comentario si me va a decir que ya pasó un año y debería estar superándolo.

miércoles, 17 de abril de 2013

Palabras sobre él


Directora de su Tesis de Doctorado:

"He querido a Gerardo muchísimo, desde que le conocí me pareció la persona más buena, más encantadora, más positiva, más generosa, con más ansias de saber, más entregada a las causas en las que creía, más sincera y más puramente matemática que he conocido en toda mi vida. Yo le quería muchísimo, lo repetiré mil veces. Supongo que para vosotros, que trabajabáis con él a diario, será una pérdida irreparable. Descansa en paz, Gerardo.

Nos has dejado huérfanos."

Amigo y colega:

"Quiero recordar a Gerardo como un sembrador de ideas, sueños, ilusiones, quimeras, utopías…

Entre sus sueños hechos realidad, está el programa de Doctorado en convenio con la Universidad Politécnica de Valencia, España, el cual gestionó y desarrolló y más importante aún, él tuvo el coraje suficiente para asumir el papel de estudiante. En el marco de este programa, nos graduamos aproximadamente doce doctores y se beneficiaron la Universidad Eafit, UTP y UdeA. También, fue gestor del actual programa de Ingeniería Matemática, el cual lo llenó de orgullo y satisfacción.

Recuerdo, una semana antes de verlo partir, escuchar de viva voz sus palabras cargadas de emoción y logré sentir vibrar su alma, cuando decía con vehemencia: este programa era lo que yo quería y me alegra saber que está reflejado en mi hija Sara.

Gerardo vivió la vida con intensidad, como debe ser, desde ocupar puestos de trabajo ordinarios hasta los más altos, ser un estudiante en condiciones de aprendiz, un profesor activo hasta sus últimos días y un Padre a cabalidad. Pero lo más importante que quiero destacar es que recogió la cosecha de lo que sembró, como debe ser, porque la vida no se queda con nada.

No es común encontrar personas con la mente alta y los pies en la tierra, Gerardo era uno de ellas, por eso me siento afortunado.

Recuerdo a Facundo Cabral y quiero decirle a su familia, que Gerardo no murió, se mudo a otro sitio, se nos adelantó, porque para allá vamos todos."

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Palabras sobre él, intentos de seguir la vida sin olvidarlo - ya van a ser once meses, y pronto un año. El tiempo no tiene sentido (peor: tiene un solo sentido).

lunes, 21 de enero de 2013

Invictus

"Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul."

William Ernest Henley


[Me llegó por una vía importante; asombrosamente acertado y una buena ilustración cuando ocurría la última guerra que dio en vida mi maestro más importante]

martes, 15 de enero de 2013

Frío

Encontrar pelitos suyos en el chaleco que le di
en su último día del padre, y que siempre usaba cuando se quería ver más bonito y yo le decía que él siempre se veía bonito, que lo más bonito del chaleco era el gancho, que el que es bonito es bonito.

Sentir el frío suavecito y liso de su muerte
          (de su cabecita recién apagada)
en mis labios.

martes, 1 de enero de 2013

Analogía

Ese árbol
     al que solíamos montarnos
fue ahogado en cemento
     y luego asesinado por una motosierra.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Synchronicity

No se en qué creo,
si me preguntasen en qué quiero creer diría:
Quiero creer en el caos, en la no linealidad,
en la íntima relación entre todos nosotros.
Causalidad y una dimensión casi fractal que nos hace inseparables a pesar de nuestra no reconciliabilidad.

[Entrada vieja, algún momento en el que era más pesimista pero más optimista también.]

Mecánica del olvido discontinuo

Al escuchar un solo nombre entre tantísimos, cada punto material de mi cuerpo responde no homogéneamente a una fuerza de campo que parece más intensa que la usual causada por la gravedad. Siento un peso exagerado que me derrite como una muñeca de cera y me acerca miedosamente al centro de la tierra al oír ese nombre. De todas formas siento que va siendo hora de olvidarte,

Pendejo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Descubrimiento

Entre el olvido forzado (de una noche aislada),
casualmente encontrar el olor de alguien
en los dedos.

Mis dedos, como yo, sabrán olvidar.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Logros

Tus propios sufrimientos siempre serán muy grandes, muy insufribles, muy exagerados
a los ojos de los demás.
Por eso sólo hay dos opciones: el arte o el psicólogo.

[Me gradúo mañana, y nunca había sido tan conciente de mis fracasos]

martes, 27 de noviembre de 2012

Aparición

Algún día, papá,
cuando los recuerdos no quepan en mi rostro
y mi mirada esté perdida en otro lado,
te veré siempre como hoy,
a través de un espejo de lágrimas.