Viejo.
Escribir esto se hace menos trivial cada vez. Este fin de semana mi mamá y yo estuvimos recordando hora a hora lo que pasaba hace un año. Ese fin de semana fue el último que te vimos normal. También fue el comienzo de esa semana irreal.
Intentaré ser más breve. Esa semana hubo una charla en EAFIT con Antanas Mockus y yo estaba obstinada a transportarme en bicicleta, así que después de esa charla me devolví tarde y con un morral pesado, y al final me vi obligada a pedir ayuda...
Ahora que lo pienso, no sé si eso fue lo que pasó esa semana. Ya me confundo. Creo que sí fue así. Bajaron tú, mi mamá y Rocco y recogieron mi morral mientras yo seguía obstinada subiendo la loma en bicicleta. Me enojé y no recuerdo por qué, no te saludé - Esos enojos en específico eran sobreprotección pura. ¿Qué tal lo estúpida que fui, gastándome tiempo valioso contigo en enojarme para protegerte, sabiendo que no podía hacer nada? ¿No podía hacer nada? Una pregunta un poco egocéntrica.
Protección.
Esa semana estuve extremadamente ocupada. Tenía un par de trabajos y exámenes que me preocupaban mucho. Esa semana llovió mucho. Recuerdo una noche en la que me fui a despedir por la noche de ti y mi mamá (tan cariñosamente como era costumbre) y luego de Rocco. La lluvia sonaba en la madera del techo y pensé en lo afortunada que era. Me sentí profundamente feliz.
Recuerdo un día que estaba trabajando en la mesa del comedor y tú estabas cerca mío. Yo estaba abstraída en mi mundo pero recuerdo haberte abrazado como una niña chiquita y expresado mi desespero. Protección.
El Jueves partía para Bogotá. Estuve por la mañana en la Universidad y a medio día subí en bicicleta al apartamento. De casualidad nos encontramos en el camino. Te alegraste tanto de ver a tu "bellecita" que casi que frenaste en seco y una señora que iba detrás te pitó y fue muy grosera contigo. Yo entré en cólera con la maldita señora siendo grosera contigo. Esa rabia quedó y terminé enojándome contigo por imprudente.
Esa tarde fuimos tú, mi mamá y yo a Rionegro y recordamos la vez que fuimos a ese mismo aeropuerto a despedirme por 6 meses, sin saber si ibas a estar para mi regreso. Hice esa misma fila antes de embarcar y me despedí de ustedes. Esa imagen dolorosa y cliché de los papás despidiéndose en el aeropuerto. Esa imagen duele. Ese día les dije que esa despedida "no azaraba". Qué equivocada estaba.
Los llamé para ver si estaban bien y recuerdo que fueron a comer algo en el camino. Protección. Todos llegamos sanos y salvos a nuestro destino.
En Bogotá el viernes hice la vuelta para la visa estadounidense y te llamé. Estuviste todo el día ocupado con Jose porque tenía un examen y tú le estabas ayudando. En la noche me fueron a recoger. Recuerdo llegar al aeropuerto y encontrarlos sentados: tú dormidito y mi mamá al lado. Tu última noche completa y bien. Esa noche ella y yo insistimos para que tú no manejaras y te devolviste atrás, a ratos dormido. Hicimos un par de chistes en el camino. Papá.
Al otro día no recuerdo si te llevé a la iglesia o no. Recuerdo recogerte y estar algo frustrada porque mi mamá estaba quejándose por el día de la madre. Papá. Esa tarde estaba frustrada con mi mamá por decir esas cosas y me fui a montar en bici un rato, pataleta. Recuerdo que intentaste consolarla y ella estaba más frustrada de lo normal.
Esa tarde vinieron varios amigos tuyos de la Universidad. Yo tenía mucho afán porque debía terminar un trabajo y Sebastián* me iba a ayudar. Te pedí el carro para ir a hacer eso. Recuerdo esas horas antes de irme. Estabas alegre y te veías muy bonito con el chaleco que te di y tu camisa morada. Yo estaba muy estresada y no fui muy efusiva. Fue la última vez que te vi bien. Papá.
Recuerdo bien esa tarde y esa noche. El estrés, solucionar el problema que tenía con mi código, salir con mis amigos de la Universidad. Un par de llamadas telefónicas que nos hicimos. El aguardiente, el lugar donde estábamos, el mareo. Llegar al apartamento con Jose que me trajo y escucharte gimiendo al otro lado de tu puerta. Estar tan ebria para pensar que estabas divirtiéndote con mi mamá, y caer como una plasta a dormir. Un año después pensar que tal vez si hubiera estado sobria, si hubiera estado ahí, hubiera podido hacer algo. Protección.
Después mi mamá nos contó que cuando fueron de EMI y te hicieron puntos en la mejilla dijiste que esos puntos le hubieran servido más al Nacional - y que por fin había pagado la afiliación a EMI.
Despertarme medio prendida el Día de la Madre para que mi mamá me dijera que te caíste. Yo grité despavorida pensando que te habías muerto mientras yo estaba desmayada de la borrachera. Mi mamá me dijo que estabas en el cuarto. Lo que sucedió es que mientras estaba desmayada de la intoxicación tu cerebro se iba llenando de sangre, papá, pero eso no lo íbamos a saber hasta dentro de varias horas.
Estabas en tu cama, no se te entendía nada. Era frustrante. Pesabas demasiado. A mí se me pasó la borrachera. Jose y yo llorábamos al lado tuyo, te consentíamos, te abrazábamos. Lo más triste era no entender lo que decías. Fue un tiempo largo y frustrante. Logramos entender que hablabas de proteger a tu familia. Mi mamá puso música de alabanza y por mucho tiempo eso sonó en mi cabeza, haciendo de toda esta situación algo más particular, por así decirlo.
Te llevamos el tablero de mi cuarto y alcanzaste a escribir algo parecido a la letra alpha, y una "V". Todavía no entendemos eso de qué se trataba. Todavía esas letras están en mi tablero, papá, como una burla roja a todo el conjunto de balbuceos e intentos frustrados de escribir que fueron las últimas frases de tu vida. Y cómo te gustaba hablar. Y cómo llegaba un punto en el que yo no te escuchaba más, y me duele. Me duele tanto pensar que te desperdicié. Que te ignoré cuando debía haber estado escuchándote. Papá.
Vinieron de EMI y notaron que tus extremidades derechas no funcionaban tan bien. Te preguntaron qué día y era y tú dijiste: "Domingo, día del Señor". No te entendíamos bien, Jose dijo que tú de por sí eras un "incomprendido" - o algo por el estilo.
Te llevaron en una silla. Ya no recuerdo bien cómo te veías pero recuerdo tanto ese momento: salí detrás tuyo y mientras te subían a la camilla en esa mañana soleada, te sonreí y puse mi mano sobre donde debe estar mi corazón. Te tiré un beso y tú me sonreíste. Te fuiste con mi mamá.
Comencé a hacer llamadas y Jose y yo nos fuimos para el hospital. Todo lo que sigue desde ese momento parece una película. Una serie de noticias de las cuales nos aferrábamos, llamadas, toda nuestra familia en el hospital. Tú estabas en Cuidados Intensivos y a mí se me vino el mundo encima cuando mi mamá salió con la noticia: habías tenido un derrame y la situación era muy grave.
Recuerdo que llamé a Francisco* y estaba parada en el parqueadero, hacía mucho sol. Te ibas a morir tan rápido, eso parecía. Eso lo supe en el fondo desde el principio de esa semana de mierda. En una semana íbamos a estar en esa misa, escuchando a un padre idiota hablando de Mecánica Cuántica frente a una iglesia llena de físicos y matemáticos, y escuchando la música más hermosa que jamás haya pasado por mis oídos.
También recuerdo que mis tíos, las buenas personas, los católicos uribistas del Opus Dei, llevaron a un padre idiota ese día para que te aplicara los "Santos Oleos". Jose y yo estábamos en tu cuarto hablándote y abrazándote, y cuando llegó ese señor yo lo quería matar con mis propias manos. Te dije que había llegado un padre a aplicarte eso, que yo sabía que la Iglesia Católica no te agradaba mucho, pero que nos íbamos a aguantar. No recuerdo si repetí las oraciones o no. No recuerdo si me ganó el desespero de verte bien, o la ira de ver a esos malditos idiotas creyendo que si hubiera un cielo y un dios (y fuera como el de ellos) tú irías para allá gracias a sus oraciones y no gracias a quien fuiste - Sin embargo esa semana que siguió oré. Oré al dios de los católicos, al tuyo, oré a Gaia. Pensé mucho en la frase "oraciones para gente sin fé".
Esa tarde fue infinita. Tú a veces reaccionabas, a veces dormías, a veces intentabas hablar. No nos dimos cuenta del anochecer. Te decíamos las palabras más bonitas, te abrazábamos, llorábamos. Yo intenté mostrarte una foto del nombre de un café que había visto en el aeropuerto esa semana y se llamaba "Illy". Así me decías tú. Con el cariño más grande del universo me decías "Illi" o "Illicita", por "bellecita". Tú sonreiste, nunca voy a saber si fue porque en efecto lograste ver la foto y entender lo que decía.
Al final de la noche toda tu familia estaba en la Clínica de las Vegas. Nos reíamos y hacíamos chistes como siempre, porque así somos. Así eras tú. Cada movimiento de alguien era una posible noticia que esperábamos desde ya. Pensábamos que ese día ibas a morir. Faltaban seis días para que eso pasara, pero no sabíamos si iban a ser seis meses o seis horas más.
Yo no se nada de nada, pero ojalá existiera un cielo para vos, papá.